Arquitectura popular

Una arquitectura singular y pintoresca

Arquitectura popular

Los espectaculares paisajes que nos regala a cada paso el valle de Benasque están jalonados por numerosas e interesantes muestras de arte románico. Junto a los templos, se alzan las viviendas del valle que fueron, durante siglos, unidad social y entidad básica de producción y autoconsumo.

En las viviendas del valle se englobaban los establos y ganados, sus tierras, su pasado y el rango social que se desprendía de todo ello. El amo dominaba una jerarquía en la que convivían los abuelos, la esposa y los hijos, de entre quienes el primogénito era considerado heredero universal para evitar la fragmentación de la casa. Un sistema hereditario que dejaba algún tión, o hermano soltero de los padres, conviviendo con la familia.

Estas casas se construían principalmente con sillares de piedra, y sus forjados se realizaban de vigas de madera, mientras que los tejados se cubrían con lajas de piedra o pizarra. Las escasas ventanas solían tener un dintel de piedra o madera. En las puertas se concentraban los trabajos de forja, de entre los que destacan los llamadores o ‘trucadores’, de curiosas formas animales, geométricas o claro contenido sexual.

Entre las casas del valle de Benasque, puede separarse entre la casa-patio, en torno al cual se estructuran el resto de dependencias, y la casabloque, que parece derivar de la borda y que reserva el piso inferior para los animales y la planta primera, para las personas.

Benasque albergó la capitalidad del Condado de Ribagorza, por lo que, más allá de las casas tradicionales, cuenta con la presencia de edificios nobles en su atractivo casco urbano. El más llamativo es el Palacio de los Condes de Ribagorza o Casa Albar, actualmente en restauración y que constituye un bello ejemplo de arquitectura renacentista. También destacan otras construcciones como Casa Faure, Casa Juste o Casa Suprián, en Anciles.

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