Las estaciones en el Valle

Cada estación tiene su especial atractivo

Las estaciones en el Valle

En el Valle de Benasque, las estaciones del año se suceden con suavidad, aunque puede haber grandes diferencias entre una y otra zona.

La estación primaveral suele ser muy lluviosa, con frecuentes cambios de tiempo y abundantes tormentas. Hasta bien entrado el mes de junio puede llegar a nevar en las cumbres y a helar en los fondos de los valles. Los ríos y torrentes suelen bajar con un extraordinario caudal debido al deshielo, que se produce durante los llamados mayencos, entre mayo y junio, .

El clima veraniego comienza hacia la mitad del mes de julio y se prolonga hasta el final de agosto. Durante este período, los días son relativamente calurosos, con temperaturas que pueden superar los 30º , y las noches frescas y agradables. Por las tardes, son frecuentes las tormentas, que pueden llegar a ser muy violentas. Antes de que los cauces más peligrosos fueran canalizados, estas tormentas podían entrañar graves riesgos, principalmente por las fuertes crecidas de los ríos.

Durante el otoño pueden darse largos períodos de lluvia, entre los que se intercalan semanas de buen tiempo conocidas como beranets. En general, es una de las estaciones con mayores precipitaciones. A partir del final de septiembre, comienzan a aparecer las nevadas en las cimas y las heladas. En el mes de noviembre, las lluvias intensas pueden provocar asimismo desbordamientos.

El invierno comienza con un mes de diciembre que suele traer las primeras grandes nevadas. Las temperaturas nocturnas pueden alcanzar los 10ºC bajo cero en los pueblos del fondo del valle, aunque pueden suavizarse en las horas centrales si los días están soleados. En Cerler y los pueblos del Solano el clima es algo más moderado. Las precipitaciones, casi siempre de nieve a partir de los 1500 m., disminuyen conforme avanza el invierno hasta febrero, el mes menos lluvioso del año, y vuelven a aumentar en marzo y abril. La cantidad de nieve que se acumula en las zonas altas llega a alcanzar varios metros de espesor y, en algunos puntos, se producen aludes y avalanchas de gran poder destructivo.

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