Valle de Estós
Un auténtico rincón de ensueño.
Conoce este valle ubicado en el Parque Natural Posets-Maladeta.
El valle de Estós está considerado por alpinistas y aficionados a la montaña como un clásico. El porqué debemos buscarlo en los atractivos rincones que esconde; en esos idílicos lugares de lagos inmensos estre oscuros bosques de coníferas, que parecen trasladados de Canadá, y que lo convierten en una de las más recomendables excursiones que pueden realizarse desde Benasque. Y, si queremos poner nombre a estas bellas instantáneas, citaresmos los ibones de Batisielles, Escarpinosa, Perramó y Bardamina, los valles de Batisielles, la cuenca glaciar y la cima del Posets y la esbelta mole del Perdigureo: "bloques de granito de todas las dimensiones, encajados en el más caprichosos desorden", en palabras del pirineísta Maurice Gaurdon.
Amplio, verde y de origen glaciar, Estós fue excavado por los hielos y las aguas fluviales entre los altos macizos pirenaicos de Posets y Perdiguero. Su paisaje combina un siempre turbulento río de bravías aguas con prados, bosques, ibones y torreones de granito. Además es el valle más próximo a la villa de Benasque.
El relieve pirenaico ha dotado a esta zona de las más elevadas montañas de la cordillera (más de una docena de tresmiles y, entre ellos, la segunda cima más alta, el Posets, también conocido como Llardana, con 3.369 m), creando una geografía vertical que aporta grandiosidad a una extraordinaria colección de parajes armoniosos, en cualquier época del año. La estructura granítica de estas tierras del Pirineo axial se ve, con frecuencia embellecida por abundantes neveros y graciares. Al pie de ellos el excursionista encontrará distintos testimonios de su fuerte actividad cuaternaria. Entre ellos destacan los ibones, en unas ocasiones ocultos por extensas masas de coníferas, y en otras al descubierto, rodeados de grandes canchales.
Hemos hablado de sus sugestivos paisajes, aunque su sorprendente fauna y flora, una de las más
variadas e interesantes que pueden hallarse, no queda a la zaga. Dependiendo de la altitud, orientación y tipo de suelo, sus montañas se visten con alfombras de pastizal alpino, bosques de pino negro, rododendros, pinos silvestres, boj, abetales, hayedos, fresnos, avellanos, tilos y abedules, entre los que campan sarrios, marmotas, armiños, nutrias, jabalíes, liebres, ardillas, urogallos, perdices nivales, diversas rapaces, treparriscos, alondras, etc.
Cuando el pequeño lago -y en Estós encontramos una multitud- se colmata de rellenos aluviales aparecen las turberas, unos terrenos musgosos y anegados que son conocidos en la zona como "mollars". El resultado es un mosaico de islotes, canalillos fangosos, orillas arenosas y vaguadas inundadas, donde crecen la hierba algodonera o "flor de mollar", con sus penachos blancos colgantes, varias especies de carices y pequeñas plantas insectívoras como la drosera o atrapamoscas. Estas charcas y regatas son frecuentadas por varias especies de anfibios que realizan allí sus puestas (rana bermeja, tritón pirenaico y tritón palmeado), y el mamífero acuático desmán de los Pirineos.
El atractivo marco natural invita a la práctica de distintas modalidades de montañismo, senderismo, alta montaña, esquí de travesía, espeleología y paseos ecuestres.
Cómo llegar: partimos de Benasque. Después de recorrer 4 km de la carretera A-139 en dirección norte hacia el fondo del valle, cruzar el puente de San Jaime o San Chaime y tomar el desvío a la izquierda. Recorrer 500 m de pista forestal hasta el aparcamiento cerca de unos barracones. Nos encontramos a la entrada del valle de Estós y en el punto de partida de diversos itinerarios como el Refugio de Estós, Ibones de Batisielles y Escarpinosa o el Pico Perdiguero (3.222 m).