Esquiar más allá de las pistas y de los remontes, hasta donde el corazón te lleve. Es la versión más montañera del esquí. Es difícil transmitir las sensaciones que nos proporciona adentrarnos en una naturaleza virgen, de pendientes nevadas que nos incitan a lanzarnos y dejar nuestra huella sobre ellas.

       Es una modalidad que combina varias especialidades: montañismo invernal, esquí y alpinismo. En esencia se trata de ascender y descender con unos esquís similares a los de alpino, pero con una fijación especial que permite dejar libre el talón en las subidas, y con unas "pieles de foca" (sintéticas) que evita el deslizamiento hacia atrás. El descenso lo realizaremos como en el esquí alpino. Para ello habremos de fijar el talón, y retirar la "piel de foca".

       Como es natural, esta modalidad no está exenta de riesgos: hay que conocer las señales naturales que indican el riesgo de avalanchas. Por eso es importante conocer bien la zona donde nos adentramos, o bien ir con un guía. Recuerda que en caso de accidente, en la montaña no hay pisteurs ni camilleros para rescatarte.



       El Valle de Benasque es un paraíso para la práctica del esquí de travesía, pues dentro de sus límites se encuentra la mayor concentración de tresmiles de la península, así como los mayores glaciares. No es extraño ver todavía durante el mes de Junio esquiadores que surcan el glaciar del Aneto.