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Fallas de Sahún

La fiesta del fuego, en la que los habitantes de este pueblo voltean antorchas encendidas de hasta 20 kilos por encima de sus cabezas, es una fiesta que fortalece los vínculos en la comunidad y con la naturaleza

Les falles de Saúnc, la fiesta del fuego, en la que los habitantes de este pueblo voltean antorchas encendidas de hasta 20 kilos por encima de sus cabezas, es una fiesta que fortalece los vínculos en la comunidad y con la naturaleza.

Al caer el sol se enciende una hoguera en la plaza de la Iglesia, done los participantes, desde los más pequeños hasta alguna persona de edad avanzada, prenden "les falles" (antorchas realizadas con palos de avellano y corteza de abedul), descienden con las antorchas prendidas calle abajo hasta la explanada de la zona del Barranco, donde se inicia el ritual de voltear la falla sobre sus cabezas, con mucha habilidad, destreza y valor, hasta que se extinguen los últimos rescoldos.

Es impresionante ver esas grandes bolas de fuego en la noche girando y girando sobre las cabezas de los mozos y de las mozas, soltando multitud de pequeños trozos de "albá" (abedul)  encendidos que van salpicando el cielo y sembrando el suelo, como una lluvia de fuego. Además, el sonido del fuego girando en el aire completa un espectáculo misterioso e inolvidable que nos retrotrae  a la noche de los tiempos. Las fallas son preparadas cada año, con un ritual, varios vecinos de casas de Sahún.

Los mangos se realizan con avellano y el combustible con la corteza del abedul (albá), que se desprende cada año, de forma cuidadosa para que el árbol no se dañe y se regenere. Este proceso se realiza unos días antes, para que la corteza seque completamente y prenda bien la noche de San Juan. Las cortezas se doblan y meten en una hendidura abierta a lo largo en el extremo más fino, de forma paralela al mango. Se colocan dos alambres como tope para  que no se abra, uno por debajo y el otro en la punta, donde se hacen unas hendiduras, para que el alambre no resbale y se retuerza para sujetar finalmente las cortezas. Si son grandes se llegan a atar con unas cuerdas e incluso ponen unas tablas aplanándolas, para que al secar no se enrollen. Se guardan apiladas, para que se mantengan planas, hasta la noche de San Juan.

Antes el Foro era encendido en "la Arena" por el último casado. Lo hacían con un avellano grueso y largo de cinco o seis metros, hendido y sujeto a vilortas, como las fallas y llena la hendidura de aliagas y zarzas, y los cavaban en una grieta de la piedra. Los encendían poniendo en pabellón las fallas en el Foro, iban entre 30 o 40 mozos, cada uno con dos fallas iguales a las que se hacen actualmente, una que bajaban al hombro y otra que llevaban en la mano, prendida. Las bajaban corriendo por el camino, así, por la ladera de la montaña, podía verse una sorprendente "procesión" de enormes antorchas. Entrando en el pueblo encendían la falla que llevaban apagada y con la primera formaban una hoguera. Una vez en la plaza,  volteaban la falla por encima de sus cabezas, y una vez consumidas, se recogían los restos de los palos y se clavaban en medio de los huertos para protegerlos del "polegón".

La fiesta se ha transmitido a las nuevas generaciones y se trata de un acto ritual y festivo, enraizado en las costumbres de los vecinos de Sahún, que se repite cíclicamente cada noche de San Juan.

La fiesta de " Les Falles"  ha perdurado hasta la actualidad, porque se trata de una costumbre que se ha transmitido de padres a hijos, como parte de la identidad del pueblo de Sahún y de su cultura. Son los padres, tíos y abuelos los que enseñan a sus hijos e hijas la forma de voltear la falla y los acompañan e inician en el ritual a edad temprana, para que cuando lleguen a la adolescencia, ya sean capaces de hacerlo solos y después, serán ellos mismos  los que se lo enseñen a sus descendientes. 

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