En Anciles, en una casa de piedra que parece mimetizarse con el paisaje, Restaurante Ansils es de esos lugares a los que llegas con calma y te vas con recuerdo. Un restaurante de montaña, sí, pero con una personalidad muy marcada: silencios bonitos, detalles cuidados y la sensación de estar en un rincón especial del valle.
Su historia es familiar y tiene raíces: abrió en 1984, impulsado por la abuela (Mª Pilar “Pilarín” Ferrer) y continuado por la familia; hoy lo lideran Iris Jordán y su hermano Bruno, con esa mezcla de respeto por lo de siempre y ganas de contar el territorio a su manera.
En la mesa se nota el valle: producto de temporada y proximidad, cocina hecha con mimo y creatividad, y una experiencia pensada para disfrutar sin prisa. Trabajan con menús degustación (como Alta Montaña y Monte Bajo), además de una bodega cuidada y postres que suelen convertirse en “el broche” del recuerdo.
Y lo que termina de redondearlo es el trato: una sala de aforo limitado, atención muy al detalle y ese punto humano que te hace sentir acompañado sin invadir. Es de esos restaurantes donde, cuando vuelves, no vuelves “a un sitio”: vuelves a una forma de cuidar.