En el casco histórico de Cerler, a más de 1.500 metros, La Borda del Mastín tiene ese encanto que no se improvisa: una antigua borda restaurada, con piedra, techo alto y un ambiente cálido que apetece tanto en invierno como en cualquier noche de montaña. Entras… y ya sientes que aquí se viene a estar a gusto.
En esta nueva etapa, el proyecto lo lidera Nacho, con una idea muy clara: cuidar el lugar y el trato para que cada persona se sienta “de casa”. Se nota en el ritmo, en la atención cercana y en esa forma de recibir que, cuando vuelves, hace que no seas “una mesa más”.
La cocina va de verdad y va con cariño: carnes seleccionadas a la brasa como gran protagonista, y también guisos que recorren la caza, la carne y el río, con una bodega pensada para disfrutar y un recetario de montaña con platos que reconfortan (migas, sopa de cebolla, chireta…).
Y ese conjunto —el lugar, el fuego, la brasa y el equipo— es lo que lo hace especial: un sitio donde puedes parar a celebrar, a entrar en calor después de un día de nieve o a alargar una sobremesa sin reloj, con la sensación de haber elegido bien.