Después de una mañana en Cerler, pocas cosas apetecen tanto como parar cerca de pistas, sentarte sin complicaciones y recuperar fuerzas con algo rico. El Molino de Cerler está justo ahí, a pie de pistas, en uno de esos lugares que terminan formando parte natural de la jornada.
Desde 1974, este restaurante acompaña a quienes suben a Cerler a esquiar, caminar o pasar el día en la montaña. Tiene ese punto práctico que se agradece mucho cuando vienes con botas, peques, hambre o poco tiempo: entras, te sientas y sabes que vas a comer bien sin darle demasiadas vueltas.
En la cafetería destacan sus hamburguesas, bocadillos y platos más informales; en el restaurante, una cocina tradicional cuidada para quienes prefieren parar con más calma. Cuando el tiempo acompaña, su terraza se convierte en uno de esos descansos sencillos que saben especialmente bien: sol, vistas y la estación latiendo alrededor.
El Molino es ideal para disfrutar de Cerler con comodidad: familias, grupos de amigos, esquiadores, senderistas o cualquiera que busque una parada fácil, cercana y con sabor de montaña. Un sitio que no necesita prometer demasiado, porque cumple justo donde hace falta.